I - El cáncer
Hoy en día el cáncer no es una enfermedad desconocida. Todos en algún momento tenemos que transitarla ya sea como paciente o como acompañante. Es una enfermedad que causa caos en el cuerpo y lo lastima cruelmente destruyendo poco a poco su alma.
Hoy en día el cáncer no es una enfermedad desconocida. Todos en algún momento tenemos que transitarla ya sea como paciente o como acompañante. Es una enfermedad que causa caos en el cuerpo y lo lastima cruelmente destruyendo poco a poco su alma.
Después de
años de vivirlo de cerca, de lecturas de diferentes corrientes, de observaciones
y vivencias diferentes, me di cuenta que solidarizarse con el enfermo brindándole
apoyo, contención y estímulo para que no decaiga y lograr desviar su atención
en la enfermedad trasladándola a una actividad creadora, le permite liberar sus
fuerzas curativas, que son las más importantes para lograr su restablecimiento.
Las herramientas a utilizar pueden ser
variadas. El arte, la música, la lectura compartida, la relajación son ideales
en este proceso, pero lo más importante es empatizar con ese dolor, conocerlo,
entenderlo y ayudarlo a encausarse.
Con todo lo aprendido en estos años puedo reseñar y
citar muchas cosas, sobretodo que cuando
nos diagnostican cáncer lo primero que sentimos es miedo a la muerte, y este
miedo existencial forma parte de la enfermedad al igual que el miedo a lo
alevoso, a lo maligno, al futuro, al sufrimiento y al dolor, al tratamiento, al
aislamiento social, al abandono, a la incomprensión. Estos sentimientos
encierran la angustia que implica esta enfermedad.
Además de estos miedos, la enfermedad está rodeada
de un hado de mentiras porque nos sentimos que de esta forma nos aislamos, nos
alejamos de la enfermedad y así estamos más protegidos. Pero no es así. Por eso
tendremos que respetar la verdad si queremos llegar a la cura.
A pesar de tanto dolor, los síntomas del cáncer tienen un aspecto positivo,
ya que sacuden y despiertan a la persona y su vida sufre un cambio radical
desde el momento en que se diagnostica. Es ahí cuando el enfermo debe
preguntarse para qué sucede y no por qué sucede.
Este miedo además, aumenta la autopercepción, trae un fortalecimiento de
las experiencias propias y de la conciencia. La proximidad con la muerte hace
que uno se replantee su vida y su significado. Muchos enfermos relatan que
antes de saber el diagnóstico sentían la necesidad de cambiar algo en sus
vidas, que no estaban sintonizados con la misma frecuencia que su entorno, pero
no sabían qué debían cambiar y tras el diagnóstico, todo fue más claro.
El miedo, la mentira y la duda son enemigos internos de las personas y
es el cáncer la enfermedad que más los saca a la superficie. A veces el cáncer
lleva a la muerte pero para algunas personas, la amenaza que entraña, significa
el comienzo de la vida.
Así como el otoño resalta los colores más bellos de la naturaleza antes
del reposo invernal, las nuevas etapas que se presentan en un enfermo de cáncer
pueden estar inmersas en la luz y el color. Esto dependerá del enfermo, de
quienes lo acompañen en estas etapas y de cómo enfrente ese miedo a la
enfermedad.
Al iniciar una terapia de apoyo psicológico, la mayoría de los pacientes
oncológicos, manifiestan una gran desesperación y sienten que esta enfermedad
es algo que determina su vida. En general, esa desesperación los domina mucho tiempo
antes de haberse declarado su enfermedad y no lo habían notado. Durante mucho
tiempo fue un sentimiento básico que regía sus vidas que en algunas
oportunidades se hacía escuchar con fuerza y en otras se acallaba, pero siempre
estaba.
Cuando este sentimiento se agudiza, se transforma en miedo y surge una
especie de parálisis que le impide expresarlo produciéndose un inmenso silencio.
El miedo se incrementa cuando en diagnóstico de cáncer es interpretado como una
condena a muerte, como una enfermedad mortal de la que no se puede escapar.
Pero ningún enfermo es igual a otro porque es un individuo independiente y por
lo tanto, ninguna enfermedad es igual a otra así que podemos decir que nadie
puede asegurarle a un enfermo cómo termina su biografía.
No se
puede establecer normas ni dar recetas para el cuidado de un enfermo de cáncer
porque la enfermedad puede manifestarse de diferentes formas y su proceso
difiere de una a otra persona. Es muy imprevisible por eso corremos el riesgo
de sólo atender a los síntomas y no abarcar la totalidad. Y las personas son un
todo.
A veces nos
enfrentamos a una enfermedad cuyos orígenes son inciertos y no sabemos cómo
tratarla correctamente. Muchas personas llegan a preguntarse si el cáncer es
contagioso y siente miedo de cuidar al enfermo, se alejan lo más posible de él.
Si son familiares directos, siente que a ellos también les va a llegar el
momento de padecerla y se sumen en un miedo tan profundo que para soportarlo, tratan
de evitar al enfermo a tal punto de aislarlo de su entorno, dejándolo sólo y
desprotegido. Por eso, es en este momento sumamente importante aclarar dudas y
no embargarse en mentiras. Conocer los pro y los contras del cuidado es muy
importante, estar informado acerca de las situaciones que puede llegar a
padecer y cómo asistirlo es fundamental para el enfermo, no tenerle lástima ni
victimizarlo, respetar sus tiempos y sus estados de ánimo, mantener armonía en
su entorno y sobre todo ayudarlo a pasar este momento con terapias
complementarias que le harán ver otras formas de vivir una vida con cáncer con
la esperanza de transmutarla.
Decir
esperanza no es decir optimismo. La esperanza no es la convicción de que algo
saldrá bien sino la certeza de que ese algo está dotado de sentido más allá de
los resultados que se obtengan y esta esperanza incide en el cuerpo humano de
manera constructiva.
La
persona que no puede albergar esperanzas deambula por el mundo manifestando su
desesperación a través de su cuerpo. Nada se expresa tanto en las profundas arrugas,
en los inexplicables dolores, en las fuerzas agotadas del cuerpo como la
desesperanza. Estas palabras las deben tener en cuenta quien va a estar al lado
de un enfermo de cáncer ya sea un familiar o un terapeuta, si es que desean
ayudar porque ¿Cómo alguien podrá hacer algo por ellos sino tiene esperanzas?
Gravémonos en nuestra mente, "Hoy el cáncer se puede curar,
Luchemos..."
"Toda enfermedad es un don del destino para introducirnos a la reflexión". R.Steiner.
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II- Partículas
II- Partículas
Cuando las
personas rememoran sucesos agradables de sus vidas recuerdan una infancia
feliz, una adolescencia plena, una madurez colmada de reconocimientos, momentos
exitosos en algún período de sus vidas. Yo recuerdo el despertar de la mayoría
de mis mañanas. No sé si el día será bueno pero ese momento donde el cielo
empieza a teñirse de cobalto, es realmente especial. Quizás sea porque me
acostumbré a que las cosas agradables de la vida son un conjunto de efímeros
momentos donde veo la vida con los ojos del alma que sólo tomo consciencia que
están abiertos al openerles la visión que perciben mis ojos físicos de la
realidad diaria.
Poder sentir
más allá de lo físico es realmente una sensación especial, difícil de
describir, de transmitir o de explicar y que se logra a medida que uno se permite
disfrutar del momento que se está viviendo. Si me proyecto en el tiempo, estoy
esperando algo que no se si sucederá pero si vivo este momento estaré
construyendo lo que vendrá.
No puedo
decir que mis momentos agradables son muy largos, pero aún en los momentos más
duros, si el cielo se tiñe de cobalto, basta para encontrar el sentido a abrir
los ojos de mi alma y vivirlo de la mejor forma posible.
Nada es
fácil, a veces llora el alma y sus ojos se empañan y no ven el color de ese
día. Y es ahí donde uno debe encontrar nuevas fuerzas, nuevas energías que como
toda fuerza no puede generarse de la nada, no puede surgir sin ayuda, mínimo se
necesitan dos partículas que realicen un intercambio de intensidad.
Cuando a uno le toca transitar la
enfermedad de manera profunda ve los caminos de la vida de otra forma y
requiere encontrar fuerzas en cosas diferentes. Yo a veces las encuentro a
través del trabajo hospitalario porque me pagan con un bien muy preciado, la
sonrisa sincera del que recibe ayuda. Esa sonrisa
realmente revitaliza mis fuerzas y desempaña los ojos de mi alma.
No hay sonrisa más sincera y más llena de energía que la de
un nene o un paciente al recibir un regalito o terminar su cuadro o simplemente
una charla o sus “masajitos especiales”... y para lograr estas sonrisas también
colabora mi familia, mis amigos y hasta gente que apenas conozco, que se
enganchan en cuanta propuesta se me ocurre .También colaboran en esta creación
de sonrisas, los médicos y profesores que siempre me brindan los conocimientos
más complicados de forma sencilla o se preocupan por mi cuando ven que mi cara
refleja que no doy más.
Todas esas sonrisas comienzan a formarse en el azul cobalto
de cada mañana cuando, por lo menos, dos partículas decidieron intercambiar
intensidades y se van trasladando a través de todos los que las hicieron
posibles como si fuese una cadena de energía especial que transforma a cada
persona que toca hasta llegar al que realmente la necesita. No es magia, es
simplemente comprender que todos formamos parte de todos en algún momento de
nuestras vidas y que juntos podemos generar partículas de mejor calidad para
generar una fuerza especial.
Hoy me propongo y les propongo que aunque
sea por un momento, generemos partículas de mejor calidad cuando el cielo se
empiece a teñir de cobalto.





